Historia de Artikutza

 

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Un poco de historia de Artikutza

Artikutza está situada en un circo montañoso de orografía abrupta, rodeada por los montes de Oiartzun, Lesaka, Arantza, Zubieta, Beintza-Labaien y Goizueta. El área de la finca es de 3700 ha y el perímetro de cerca de 30 km. La finca de Artikutza, situada en tierras de Goizueta, y propiedad del Ayuntamiento de Donostia (desde 1919), es uno de los puntos más lluvioso de toda la Península y uno de los territorios más antiguos del País Vasco.

Artikutza conoce la presencia del ser humano desde tiempos remotos. Los restos encontrados, indican que algunos grupos de cazadores prehistóricos habitaron las cuevas de Aitzbitarte, en Orereta, y la de Torre, en Oiartzun. Los yacimientos arqueológicos más antiguos que nos ofrece Artikutza datan del año 2000 a.C: son los dólmenes. Estos yacimientos, acogieron los cuerpos de muchos de los pastores que recorrieron este territorio. Estos pastores, cobijaban sus rebaños en el bosque durante el invierno, pero al llegar la primavera subían el ganado a los pastos creados en las partes altas de los montes, para volver a bajarlos al bosque en otoño. Probablemente, las primeras deforestaciones que sufrió Artikutza, con el fin de lograr pastos para el ganado, sean de esta época. Por supuesto la influencia de estos pastores fue moderada.

La verdadera explotación de los valores naturales de la finca de Artikutza comenzó en la Edad Media. En esta época, concretamente durante los siglos XIII-XIX, toda la finca se hallaba en manos de la Real Colegiata de Santa María de Roncesvalles. Aunque parezca un milagro, hoy en día se conservan más de cien mojones de la época. Muchos de ellos presentan un báculo grabado, el sello de los propietarios de la época. Los dueños arrendaban la explotación de la finca a carboneros, caleros, pastores y ferrones. Una vez al año, cerca del día de San Agustín, partían de Orreaga a Artikutza para cobrar las rentas a los lugareños.

Como indicadores de la explotación que sufría el bosque, tenemos los restos de las cuatro ferrerías documentadas desde el siglo XIV: Urdallue, Elama, Goizarin y la del barrio de Artikutza. Esta actividad industrial tuvo una clara influencia en el bosque, ya que toda la economía se basaba en torno a la madera. Como ejemplo tenemos los datos que nos dejaron los documentos de la época. Al parecer para conseguir una tonelada de hierro, utilizaban tres toneladas de carbón vegetal, para lo que se necesitaban seis toneladas de madera.

Pero, como era conocido que ese ritmo de tala supondría el inmediato retroceso del bosque, idearon un mecanismo para conseguir madera sin tener que derribar los árboles. Podando el árbol desde su juventud, conseguían troncos tan cortos como gruesos, con numerosas ramificaciones con aspecto de brazos. De este modo, cortando las ramas de los árboles conseguían la madera, manteniendo vivos los árboles, al mismo tiempo. Esto permitió la conservación del bosque. La intensa explotación del carbón durante siglos, es destacable hoy en todos los rincones de Artikutza. En el hayedo, por ejemplo, se encuentran por doquier restos de antiguas plataformas carboneras. Además encontramos dos tipos de hayas de aspecto bien diferente: las más jóvenes presentan la forma de los bosques naturales, son largas y sin apenas ramificaciones (hayas bravas). Las más ancianas en cambio, son reliquias del modo de explotación que acabamos de describir, y son conocidas como hayas trasmochas. Aunque más raramente, este fenómeno también se puede observar en los robledales.

Existe un proyecto de ordenación del monte que data de 1903. En 1919 aun quedaban 2 carboneros cuando el Ayuntamiento de San Sebastián compró la finca. En ese momento se paraliza la explotación del arbolado, con intención de mantener toda la cubierta arbolada para procurar un agua limpia para el abastecimiento de la ciudad. La consecuencia de ello es el comienzo de la dinámica natural del bosque, con la colonización de los huecos existentes por arbolado joven, con lo que hoy podemos observar toda una gama de arbolado que ha ido naciendo en los 90 años transcurridos, así como el proceso de degradación paulatina de las viejas hayas y robles trasmochos. Algunos de ellos aún mantienen unos portes en candelabro espectaculares. Una de las cosas que más llama la atención en este monte es la cantidad de madera muerta caída, así como algunos grandes ejemplares muertos en pie.

La última gran cicatriz que el ser humano ha dejado impresa en la finca, se produjo entre 1947 y 1953: el embalse de Enobieta. Aunque en esa época fue considerada como una obra imprescindible, las previsiones no se hicieron debidamente y además, por diversos problemas en la fase de construcción, la presa resultó ser menor de lo calculado. Por este motivo unos años más tarde construyeron el embalse de Añarbe, para responder a las nuevas necesidades de la creciente ciudad de San Sebastián. Como consecuencia, disminuyó el uso del embalse de Enobieta. Actualmente sólo cumple la función de reserva de agua (http://www.donostia.org).

Actualmente Artikutza está declarado Lugar de Interés Comunitario (LIC) por los valores naturales que alberga: Zona de hayedos acidófilos, robledales y alisedas atlánticas muy poco intervenidos. Comunidades de borde de manantial y aguas frías. Regatas altas con presencia de nutría, visón y desmán. Presencia de turberas y endemismos de vegetación rupícola, entre otras,…

 

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Muy bonitas presentaciones de fotos para descargar:

 

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